Nunca aboné el discurso punitivista. Por ejemplo, nunca estuve de acuerdo con la pena de muerte. No estuve de acuerdo con la pena de muerte para los genocidas de la dictadura, creo que merecían ser juzgados y condenados. No estoy de acuerdo con la pena de muerte, como muchos piden, para un violador, por las mismas razones.
Pero así como la pandemia es una situación singular (la más singular que haya conocido la humanidad en varias generaciones), creo que merece soluciones singulares y extremas. Creo que lo que faltó en esta pandemia es juzgar y encarcelar boludos. Desde el minuto cero debería haber pasado por el Congreso una ley, que disponga el juicio y condenas severísimas a todo aquel que propague el virus, o divulgue información falsa o malintencionada durante la pandemia (si, estoy hablando de la prensa canalla y de la mierda que tenemos como oposición).
¿De qué le sirve al país todos esos descerebrados anticuarentena y antivacuna? ¿Por qué tenemos que tolerar a gente que se caga en la vida de todos los demás? ¿Hasta qué punto es posible razonar con estas personas? Son agresores, y agresores muy peligrosos. Seguramente son una minoría, pero una minoría con gran capacidad de daño. No tengo vergüenza de decir que le deseo lo peor a esta lacra.
Entiendo a esta situación de pandemia como una situación análoga a una guerra contra una potencia extranjera. Supongamos que en esa circunstancia el Gobierno decreta que nos quedemos todos en casa con la luz apagada. Y supongamos que aparece un ejército de boludos diciendo cosas como estas:
- Mi libertad está en juego, a mí nadie me dice lo que tengo que hacer.
- Todos por la república, ¡no nos van a avasallar!
- Yo tengo la costumbre de salir todas las noches a la calle con un reflector, y convoco a todos a acompañarme esta noche.
¿Entienden que con esta analogía, no resulta tan chocante hablar de máximas penas?