miércoles, 8 de abril de 2026

EL ARQUERO QUE ATAJABA CON LA ESPALDA (UN CUENTO DE CLAUDIO AMADEO VIGGIANO)

 

El pibe venía del interior, nadie lo conocía mucho. En los entrenamientos parecía un arquero normal, aunque muy flojo. Igual quedó como suplente, ya que el libro de pases estaba por cerrar, y era urgente sumar un arquero.

Sin embargo, ni bien empezó el campeonato, en el arranque del primer partido, el titular salió a tapar en un mano a mano con un delantero y se lesionó. Fractura de tibia y peroné, fin del torneo para él.

El técnico mandó al arco al muchachito nuevo, ya presagiando una goleada en contra. Pero nadie se imaginaba lo que estaba por ocurrir.

El arquerito se plantó en el arco mirando a la tribuna, de espaldas al juego. Nadie entendía nada. El equipo contrario, aprovechando la confusión, comenzó a presionar, y a los pocos segundos llegó un tiro libre en el borde del área a favor del rival. Nuestro héroe no se molestó ni siquiera en darse vuelta para armar la barrera, en la posición en la que estaba impartió unas cuantas instrucciones con señas, y eso fue todo.

El pateador era temible precisamente por la perfección de sus disparos, en la temporada anterior había metido diez goles de tiro libre. Y su ejecución fue perfecta, fue un tiro violento y al ángulo del lado de la barrera. El arquero voló de palo a palo, impactando la pelota con su espalda, y enviando la pelota al córner. Ovación.

El partido continuó con las mismas características, tremenda presión del otro equipo y el arquero que las atajaba todas, siempre de espaldas. Una jugada muy característica, que puede decirse que inventó él, era que cuando no daba rebote, aprisionaba la pelota pasando los codos por detrás de la espalda. Era su marca de fábrica.

Surgieron varias teorías acerca de cómo funcionaba la cosa. Algunos decían que su oído actuaba como una especie de radar, como un murciélago. Otros decían que se guiaba mirando los ojos de los hinchas de la tribuna que enfrentaba. Ya sea la amigable hinchada local, o los hostiles simpatizantes visitantes, todos los espectadores miran fijamente a la pelota. Reemplazaba sus dos ojos por cientos. Y otros decían lisa y llanamente que tenía un sexto sentido.

Todo esto se repetía partido tras partido, manteniendo la valla invicta, incluso deteniendo varios penales, y haciendo que su equipo escale en la tabla de posiciones. Sus atajadas eran espectaculares.

A pesar de eso el técnico insistía en que había que corregir lo que él consideraba un defecto. Razonaba del siguiente modo: si sin mirar atajaba tan bien, mirando atajaría muchísimo mejor.

En los entrenamientos lo trataron con neurólogos, psicólogos, psiquiatras, brujos, hipnotizadores y charlatanes de toda índole. Pero finalmente lograron su objetivo: que ataje de modo normal.

Para ese entonces el equipo ya había llegado a la final, con cero goles en contra, un récord inédito, casi imposible de igualar.

Se juega el partido decisivo, y ataja mirando para adelante.

Pierden siete a cero. Es un colador, no agarra una, se come todos los amagues. Es un desastre.

Desconsolado, se retira del fútbol siendo muy joven. Pero a esta altura era tan famoso que logra firmar un contrato con un canal para ser comentarista deportivo.

Sus análisis y comentarios futbolísticos son muy bien recibidos por los televidentes, que en la pantalla lo único que ven de él, es su nuca.



LAS ESTAMPILLAS (UN CUENTO DE CLAUDIO AMADEO VIGGIANO)

 

-          Abuela, mirá mi colección de estampillas.

-          Que lindas. Te voy a regalar unas que tengo guardadas.

-          Reconozco a la chica de la imagen. Que hermosa que era.

-          Claro que sí.

-          ¿Hace mucho que las tenes guardadas?

-          Mucho. Las tenía escondidas. Las llegaba a encontrar tu abuelo y me las tiraba a la basura.

-          ¿Por qué?

-          Nunca entendí bien.

-          Jamás me hablaron de ella ni en casa ni en el colegio.

-          En una época, increíblemente estaba prohibido nombrarla.

-          Ahora que entré a la Universidad, veo que tampoco se la nombra.

-          Sos la primera de la familia que va a la Facultad, pero calculo que ahí pasará lo mismo que pasa en todos lados.

-          ¿Murió joven?

-          Si, muy joven. Cuando murió, esas bestias le hicieron de todo. Robaron el cadáver, lo llevaron de acá para allá. Nadie sabía dónde estaba. Más de veinte años después, su cuerpo volvió al país. Ahora descansa en la Recoleta.

-           ¿Fuiste a visitarla?

-          Recién después de que murió tu abuelo, pude llevarle una flor.

-          ¡Qué historia! No me la voy a olvidar nunca, y voy a guardar estas estampillas para siempre.

-          La gente olvida rápido. Y así le va.




viernes, 31 de octubre de 2025

HONESTISTAS

 

Votan narcos, putas, coimeras, estafadores, lavadores de dinero, fugadores, evasores, negreros y contrabandistas. Son los “honestistas”, que apoyan “ficha limpia”, y luchan denodadamente contra la corrupción. Nunca, pero nunca más en la vida me vengan a decir que les preocupa la corrupción, manga de hijos de remil putas, les importa una mierda.

Votan a los que tienen que estar en la cárcel, y festejan que inocentes sean condenados y proscriptos. Y esto va a seguir así, mientras la corte suprema este integrada por tres criminales.

La grieta es ética y moral, y no es una grieta, es un abismo.

Nunca fui al Garraham de chico. No mando a mi hijo al Garraham. Sin embargo, pagaría encantado un impuesto especial para sostenerlo, para que todos los chicos del país con cáncer se puedan atender, y para que todo el personal, médico o no, gane muy bien.

Los “honestistas”, harían lo imposible para evadir ese impuesto.



viernes, 24 de octubre de 2025

LA GRAN LACRA ARGENTINA

 

Hace 80 años que padecemos esa gran lacra que es el anti peronismo.

Si el representante del anti peronismo fuera Hitler, el anti peronista vota a Hitler. Si el representante del anti peronismo fuera Pablo Escobar Gaviria, el anti peronista lo vota.

Al anti peronista le importa una mierda todo. Le importa una mierda la salud, la educación, el oro del Banco Central, la Justicia, el Plan Nuclear, el Plan Satelital, el agua potable, las represas, la energía. Lo único que le importa es el anti peronismo.

El Peronismo fue bombardeado, fusilado, proscripto y condenado. Y es el lado correcto de la Argentina.

La postura anti peronista está plagada de mentiras.

Dicen: “Te quieren bruto”. Hay una sola fuerza política que invierte en educación, y construye escuelas y universidades: el Peronismo. Todas las fuerzas políticas que están en la vereda de enfrente del Peronismo, desfinancian la educación cuando son gobierno.

Dicen: “Te hacen cagar en un balde”. Pero la fuerza política que más invierte en obras de cloacas es el Peronismo. Los que están en la vereda de enfrente del Peronismo, frenan las obras de infraestructura cuando gobiernan.

Dicen: “Te quieren vago”, pero el Peronismo, es sinónimo de industria y empleo, mientras que el anti peronismo, implementa políticas activas para generar desempleo, como disciplinador social.

Les metieron en la cabeza que todo lo que tenga que ver con Estado es sinónimo de corrupción. Y es exactamente al revés: privatizar es un acto de corrupción. Una empresa pública que construimos entre todos, con plata de nuestro bolsillo, con valor estratégico, de repente pasa a las manos de un amigo del poder a precio vil. Y ahí se frena cualquier tipo de inversión. Aplauden al que desguaza YPF, pero insultan al que la recupera.

Son boludos y crédulos. Creen en cuadernos quemados, desquemados, perdidos, encontrados y adulterados. Creen que, si un fiscal se suicida en un baño cerrado por dentro, en realidad fue asesinado. Creen que el equipo de futbol de fiscales y jueces que juega con macri, es una justicia imparcial.

Votan ladrones y corruptos, y cuando esos ladrones y corruptos condenan a Cristina, festejan.

A ellos les debemos el endeudamiento y el atraso, son la lacra que hace 80 años nos hace ir permanentemente para atrás.

Lo único que tienen es el anti peronismo.

Son mierda.




martes, 1 de julio de 2025

ESCENAS INFANTILES (UN CUENTO DE CLAUDIO AMADEO VIGGIANO)

 

El restaurante estaba atestado de gente, y era muy ruidoso. Los mozos y las meseras no daban abasto llevando los pedidos. Era un ambiente muy familiar, los chicos, como es su costumbre, se levantaban de las mesas e iban de acá para allá. Nosotros estábamos en una mesa cerca al mostrador, donde se entregaban los platos.

En el mostrador el trabajo era doble, no solo recibían los pedidos de las mesas, sino los pedidos de las comidas para llevar. Los mozos se acercaban y decían en voz alta el pedido que les habían hecho. Y otro grupo de muchachos, en bicicleta o moto, retiraban los pedidos para llevar a domicilio. En definitiva, alrededor del mostrador era un caos.

Era un lugar donde se podían pedir cualquier tipo de comidas, pizza, pastas, asado, etc. También estaban los que pedían un simple café o una picada.

En una de esas a mi hermano se le ocurre imitar el tipo de pregón que veníamos escuchando:

 

-          Marche una milanesa, sale con fritas.

 

Mi hermano tenía ya una voz gruesa, podía imitar la de los mozos. Nos reímos, pero la cosa no quedo ahí, teníamos que ir por más.

Yo todavía tenía una vocecita más bien fina, pero podía imitar a las chicas meseras.

 

-          Salen ravioles con estofado

 

No sé si se llegó a escuchar bien, necesitábamos una posición más estratégica. Mientras mis padres y mis abuelos estaban entretenidos con su plato, buscamos un escondite al costado del mostrador.

 

-          Grande de muzzarella para llevar

-          Vermouth, sale con ingredientes

-          Bife de lomo con ensalada mixta.

-          Flan con crema y dulce de leche.

 

No podíamos parar, parecía muy divertido.

 

-          Porrón y dos gaseosas con hielo.

-          Dos ensaladas mixtas, una con oliva.

 

A medida que pasaba el tiempo, el restaurante se empezó a vaciar. Los clientes iban terminando su cena, pagaban y se retiraban.

Empezaron a aparecer sobre el mostrador platos que nadie había pedido y el dueño, que atendía la caja, los mozos y los cocineros, se miraban entre sí, extrañados. Ya no había tanto bullicio en el local.

 

-          Grande de fugazzeta, sale con 2 fainas.

-          Un matambrito con puré mixto.

 

Cuando nos dimos cuenta, el dueño estaba al lado nuestro, brazos en jarra, con cara de furia. Ya no era tan divertido. Corrimos hasta nuestra mesa, donde padres y abuelos estaban terminando el café.

Mi abuelo fue a hablar con el dueño, y no sé cómo, de alguna forma lo calmó. Creo que se conocían de antes, a lo mejor hubo alguna propina de por medio.

 

Volvimos en el auto, todos en silencio. Lo rompí yo, a mitad de camino, con una frase memorable:

 

-          Mamá, papá. Cuando sea grande, quiero ser mozo.




lunes, 30 de junio de 2025

EL PILETÓN (UN CUENTO DE CLAUDIO AMADEO VIGGIANO)

 

Donde yo vivo, no hay agua corriente. La casilla es muy pequeña, y por eso, tenemos una especie de bañera o piletón de material, en el patio que da a la calle. Es muy singular, ya que casi nadie en los alrededores tiene algo así. Los días que decidimos darnos un baño, desde temprano empezamos a calentar ollas en la cocina y llenamos la bañera.

El proceso es largo, ya que en casa somos muchos, mi señora y yo tenemos cinco hijos, después tenemos a mi cuñada, con un nene chiquito, mi hermano, mis dos padres y la madre de mi señora, o sea en total 13 personas.

Decidimos que primero se bañen los niños, después las mujeres, y por último los tres hombres, mi papá, mi hermano y yo, que cuando volvemos de hacer changas somos los que estamos más sucios.

En la casilla de al lado, la cosa es peor. Son 28, y no tienen lugar para una bañera. Son buena gente, por eso, los días indicados, los dejamos compartir bañera. Eso sí, tienen que colaborar con el gasto de gas, ya que, en los meses flojos de changas, se hace difícil comprar la garrafa.

Bueno, el asunto no es mejor para el resto de las 39 casillas que componen la manzana. Según los   funcionarios municipales que realizaron un censo el año pasado, en total somos unas 1.500 personas, aunque dijeron que no estaban muy seguros del número exacto, ya que el trabajo en este tipo de lugares les resulta difícil.

Nos solidarizamos con ellos, no son raros los días en los que por nuestro piletón pasan más de 1.300 personas. Ahí estoy de acuerdo con los censistas, en que es muy difícil contarlos a todos.

Saliendo de la manzana, y considerando el barrio entero, los números imprecisos del censo nos hablan de 138.000 personas, todas con las mismas dificultades. Y adivinen a donde se vienen a bañar. 

La localidad entera cuenta con unos 3 millones de personas, con los mismos problemas de agua corriente. Cada una de ellas pasaron alguna vez por nuestra bañera. Y si consideramos todas las localidades vecinas, hablamos de 47 millones de personas, todas con problemas para bañarse, y eso es solo de este lado del arroyo, que por supuesto está seco. Del otro lado del arroyo hay otro mundo de gente. Los días de baño (que muchas veces se prolongan hasta el siguiente), se los ve cruzando el arroyo a pie, y ya estamos hablando de que nuestro piletón es compartido con unos 100 millones de personas. Nosotros, como ya dije, somos solidarios, pero se entiende las dificultades que todo esto nos trae.

En la dirección contraria al arroyo, está la vía del ferrocarril, que es una vía muerta, y a continuación un paredón. Detrás de ese paredón, hay un barrio cerrado habitado por 5.367 personas. Acá si, los censistas pudieron trabajar con precisión. Ellos sí, tienen agua corriente. Lo sé, porque con mi hermano nos tocó hacer allí alguna changa.

Dicen que no pagan impuestos, y que, si los pagaran, con lo recaudado se podría hacer de este lado las obras completas de toma de agua, reserva, potabilización, y tendido de redes domiciliarias.

Eso es lo que dicen, yo no sé si esto es así o no. En todo caso por ahora mi preocupación es levantarme bien tempranito para empezar a llenar un piletón para 100 millones.




EL BIDÓN (UN CUENTO DE CLAUDIO AMADEO VIGGIANO)

-          El asesinato perfecto no existe.

Félix soltó esta frase así, de la nada, y se quedó mirando a Alfonso, como interrogándolo.

Los dos vecinos, ambos septuagenarios, se juntaban casi diariamente desde hacía unos cuantos años a jugar al ajedrez, a las cartas, o simplemente a charlar, sobre todo de un tema que apasionaba a los dos: las noticias policiales.

-          Jaque, dijo Alfonso. ¿Otro café?

-          No, prefiero un vaso de agua, ¿puede ser?, respondió Félix saliendo del jaque.

-          Sí, tengo que abrir otro bidón, y pasar un poco de agua a la botella.

-          No entiendo porque usas esos bidones de seis litros tan pesados y tan incómodos. Yo prefiero comprar directamente la botella. Pero no me cambies de tema, no me respondiste lo del asesinato perfecto.

-          Seis litros son seis kilos, ¿es así?, pensó en voz alta Alfonso.

-          Si, ¿y entonces?

-          Ahí tenes el asesinato perfecto, un golpe en la cabeza con una masa de seis kilos, seguramente sea mortal.

-          No le veo nada de perfecto. En cuanto la policía analice ese bidón, se terminó el caso, razonó Félix.

-          El bidón se vacía y se compacta. Desaparece el arma homicida. ¿Se entiende ahora? Jaque mate.

-          Bueno, ya me tengo que ir. Espero no haberte dado ideas.

-          Y yo a vos tampoco, Félix. Seguí con tus botellas.

 

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-          ¿Pero vos no sos Antonia, la hija de Alfonso?

-          Si, Don Alberto. Vengo a limpiar un poco el departamento y ver si lo puedo poner en venta. Voy a llevar algunas cosas de limpieza

Don Alberto sale del mostrador y abraza a Antonia.

-          Mi más sentido pésame. Acá en el barrio nos enteramos de todo. Vino la policía y habló con todo el mundo. Nadie entendía muy bien como se había dado semejante golpe en la cabeza, o si alguien entró al departamento y lo golpeó. Me imagino como te debes sentir.

-          Devastada. Espero que la policía encuentre algo.

-          También estaba destruido Félix. Tan apesadumbrado estaba de perder a su compañero de tantos años, que dijo que no podía vivir más acá. Él alquilaba, rescindió el contrato con la dueña, y se mudó, pero nadie sabe muy bien a donde. Eran amigos íntimos y se querían mucho.

-          No tanto, Don Alberto. Félix no lo quería mucho a mi papá. Hubo un problema de polleras cuando eran jóvenes. Y el problema fue precisamente ¡mi mamá! Me lo contó ella, antes de morir.  

-          ¿Qué? No sabía nada de eso. Aunque siempre fue un tipo raro ese Félix, como todo solterón. Me hacía un escándalo cuando no tenía reposición de botellas de agua, porque no quería llevar bidones, decía que eran pesados e incómodos, prefería quedarse sin agua. Pero un día, de la noche a la mañana, dejó de llevar botellas y, al revés, se enojaba si no tenía bidones en las góndolas.

-          Tampoco entendí nunca, Don Alberto, como es que llegaron a ser vecinos, después de que mi papá enviudó, ya que habían dejado de verse por un tiempo largo.

 

 

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El inspector y su ayudante, eran dos policías salidos de una película, tal cual uno se los imagina, con piloto, una libreta de anotaciones, y metiéndose en todos lados. Solo les faltaba el sombrero.

Hicieron preguntas en todo el barrio y en el almacén. Revisaron el edificio completo y el departamento de Alfonso en particular.

Hacia el final del día pudieron revisar también el departamento de Félix, ya que tuvieron que esperar que venga la propietaria con las llaves.

El inspector le pregunta a su ayudante.

-          ¿Que encontró?

-          Nada importante inspector. Ropa usada, diarios viejos…

-          ¿Y no encontró nada más?

-          Ah, me olvidaba. En la basura, un bidón de seis litros vacío y compactado.