lunes, 27 de julio de 2026

EL MATRIMONIO DE UN JUEZ SUPREMO (UN CUENTO DE CLAUDIO AMADEO VIGGIANO)

 

El tribunal de jueces supremos de una nación, tenía un método muy preciso para que cada uno de sus miembros contraiga matrimonio. Para acceder al santo sacramento, las candidatas debían presentar sus pliegos, en copia simple, ofreciendo una propuesta.

El procedimiento surgió de una acordada efectuada por ellos mismos. Éste indicaba que se debía conformar una comisión ad hoc de notables para analizar las ofertas, y como ellos se consideraban a sí mismos personas notables, cumplían con todas las condiciones para integrar dicha comisión.

La decisión de la comisión revestía el carácter de inapelable.

La orden de trabajo de aquel día, era analizar los pliegos para el casamiento de uno de los magistrados del tribunal.

-          ¿Un habano, Doctor?

-          Ahora no, estoy un poco nervioso, empecemos con la apertura.

-          Se han presentado tres propuestas, en sus respectivos sobres, de las señoritas A, B y C.

-          Excelente, acotó uno de los doctores. Tres es el número ideal. Con uno, el procedimiento indica declarar desierto el concurso. Dos es muy poco. Y cuatro propuestas, nos llevaría una cantidad de tiempo de lectura y análisis a la que no estamos acostumbrados.

-          Empezamos entonces por el pliego de la señorita A, de treinta y siete fojas.

-          Tengo hechas algunas anotaciones acerca de este pliego.

-          Adelante, Doctor, lo escuchamos.

-          En foja diez, declara tener un tatuaje.

-          En foja doce, habla de sus gustos musicales, y yo agrego: Acostumbra ir a recitales de música estridente.

-          ¿Qué más?

-          Admiradora de Virginia Woolf, foja treinta y uno.

-          ¿Podemos pasar a la votación?

El pliego de la señorita A, fue rechazado, con un voto en disidencia.

-          Pasamos a analizar la propuesta B, cuarenta y cinco fojas.

-          No sé si leyeron lo expresado en foja veintinueve.

-          Si, por supuesto. Firmó una solicitada para un pedido de justicia por un caso de gatillo fácil.

-          Eso es causal de rechazo. Se rechaza el pliego in limine. El error es insubsanable.

 

-          Tercer y último pliego, la señorita C, ciento veintisiete fojas.

-          Este pliego es impecable, de la primera a la última foja.

-          Católica, abogada, familia de abolengo, propietaria de una estancia…

-          Amante de la música clásica…

-          Creo que todos coincidimos en que es la candidata perfecta.

 

La propuesta C fue aceptada por unanimidad.

-          ¡Felicitaciones, Doctor!, la cuestión ha sido resuelta en forma favorable.

-          Informen al secretario, que expida la cédula de notificación de inmediato.

-          ¡Comuníquese a la interesada!

Doctor, ahora que estamos más tranquilos, le voy a aceptar ese habano.

-          ¿Qué pasa Doctor?, lo noto muy pensativo.

-          Me quedé meditando, si a lo mejor no estamos siendo muy rígidos, y si no deberíamos abrir el juego a otras variables.

-          ¿Por ejemplo?

-          ¿La intuición?

-          Entiendo que es muy buena para apostarle a un caballo, pero no para el tema que nos ocupa.

-          ¿El amor?

Se produjo un largo e incómodo silencio.

-          ¡Déjese de embromar, Doctor! Así como estamos, ya la tenemos bastante complicada.




jueves, 2 de julio de 2026

OBRA EN FILMACIÓN (UN CUENTO DE CLAUDIO AMADEO VIGGIANO)

 

Reunión de directorio en la empresa, importante multinacional. Se propone ingresar en el negocio inmobiliario, y construir un edificio de departamentos de alta calidad para poner a la venta. Yo no era director, pero igual me invitaron a participar, ya que tenía alguna experiencia en la industria de la construcción, y me designaron como jefe de obra.

La principal preocupación del presidente y los directores, era como manejar a los sindicatos, y el costo que esto significaría. Invitaron a todos los participantes de la reunión a aportar ideas.

Se me ocurrió una idea genial:

-          Para evitar al sindicato de la construcción podemos simular que, en realidad, se trata de la filmación de una película, y que los obreros son actores. Llevamos unas cuantas cámaras y focos, y se simula filmar los trabajos de la obra. Yo, como jefe de obra, sería el falso director de esa película.

La aprobación de todos los presentes fue instantánea y unánime.

-          Es una idea excelente, dijo el presidente. Envíen gacetillas de prensa a todos los medios donde tenemos pauta publicitaria, anunciando el comienzo de la filmación, opera prima del novel director…

El presidente no recordaba mi nombre.

-          Roberto Fernández,  Ingeniero civil y director de cine. (Risas de todos los presentes)

 

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Ni bien terminamos de completar el cerco del set/obra, se acercó un señor al portón de entrada. 

Calvo, flaco, vestido en forma simple. Los muchachos me avisaron que me estaba esperando.

-          Antonio Stronatti, a sus órdenes.

-          Si, ¿Qué se le ofrece?

-          Soy del sindicato de la construcción. Por empezar quería ver la plantilla de personal.

-          Debe haber un error, señor Stronatti. Esta no es una obra en construcción, es el set de filmación de una película.

-          ¿Y todas esas personas con ropa de trabajo, acarreando bolsas y varillas de acero?

-          Obviamente son actores.

-          Bueno, parece que me he equivocado, y no tengo nada que hacer aquí. Disculpe usted, y buenos días.

-          Buenos días.

El plan estaba saliendo a la perfección.

 

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Al día siguiente, se presenta un nuevo visitante en el portón.

Este señor era estrafalario por donde se lo mirara. Larga cabellera enrulada, anteojos oscuros, regordete, ropa con colores chillones, botas de vaquero, siempre con un bolsito en mano. Casi un rock star.

-          Buenos días, mi nombre es Salomón Giorgetti, del sindicato de actores.

 

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Las exigencias del sindicato de actores no tardaron en llegar:

-          Las viandas que entregábamos fueron reemplazadas por un servicio de catering, a cargo de una empresa muy prestigiosa.

-          Los vestuarios fueron sustituidos por tráilers súper lujosos, especie de camerinos para los protagonistas de la película, y estos no podían ser compartidos por más de dos personas. El alquiler mensual era exorbitante.

-          Lo mismo para los baños, unidades móviles impecables, equipadas con mesadas de mármol y bachas de acero inoxidable.

-          El transporte de personal (la mayoría vivía bastante lejos) debía hacerse con servicios de transfer, que iban a buscar a la gente a sus casas. Opcionalmente se podía reemplazar por remis o taxi.

 

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El directorio convocó a una reunión urgente, en vista de que las pérdidas del proyecto eran monstruosas.

Esa mañana, Giorgetti había visitado el “set”, y cuando se fue, y antes de ir a la reunión, se me ocurrió seguirlo.

Entró en el café de la esquina, y yo detrás, disimulando y sentándome en una mesa apartada. Desde ahí, podía verlo. Noto que se levanta de la mesa y va al baño. Mientras esperaba que saliera, terminé el café y el tostado que había pedido. Giorgetti estaba tardando demasiado tiempo, y me empecé a impacientar.

Cuando de pronto veo salir del baño a… ¡Antonio Stronatti! Y en su mano, el bolsito de Salomón Giorgetti.

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En la reunión de directorio no me dejaron abrir la boca, ni hacer mi descargo, el encuentro era exclusivamente para comunicar que, ante las pérdidas millonarias detectadas, y la sangría de dinero permanente, se abortaba la falsa película, y se continuaba como obra en construcción normal.

Tomó la palabra el presidente:    

-          Manden gacetillas de prensa anunciando que la película se suspende por déficit presupuestario, y que desarrollamos, en cambio, una importante inversión inmobiliaria. Y a propósito, ¿Quién fue el imbécil al que se le ocurrió la estupidez de la película?

 

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Antonio Stronatti volvió, y recorrió la obra, ya declarada como tal.

-          ¿Asadito?, conversó animadamente con un grupo de peones que habían improvisado una parrilla con unos  hierros sobrantes.

-          Después me convidan, ¿eh?

Más adelante se encontró con el capataz.

-          No me descuiden la limpieza de baños y vestuarios, muchachos. No les vamos a pedir mesadas de mármol, pero manténganlos prolijitos.

-          Si, está claro, Antonio, contestó el capataz con cordialidad.

Y terminó la recorrida en mi oficina.

-          ¿Qué dice, jefe?, ¿total normalidad?

-          Si. (La sonrisa social me costaba cada vez más). Total normalidad..., Salomón Giorgetti.