J.J. Rabagliatti
parecía estúpido. Nadie en el pueblo hubiera apostado a favor de su capacidad
mental. Era tímido y apocado, y su imagen poco agraciada, con sus grandes
anteojos, su nariz puntiaguda y su pelo enrulado, parecían confirmar lo que la
gente decía de él.
Por eso sorprendió
mucho cuando J.J. Rabagliatti se anotó en el concurso “Multiplicadores Mentales
de Cuatro Cifras”. El concurso se llevaba a cabo todos los años, y consistía en
lo siguiente: los participantes se presentaban frente a un jurado que les iba
preguntando uno a uno, una multiplicación de dos números de cuatro cifras, que
los concursantes debían resolver en unos pocos segundos mentalmente. Quien no
resolvía la operación, o tardaba más que el tiempo estipulado, era eliminado, y
así sucesivamente hasta consagrar un ganador.
Todos creían que
semejante rapidez mental le estaba totalmente vedada a un pobre diablo como J.J.
Rabagliatti. Si le sumamos a esto el hecho de que los otros participantes eran
profesores de matemática, física, profesionales y gente prominente del pueblo,
era lógico suponer que nadie daría un mango por J.J. Rabagliatti.
Sin embargo, y ante
la sorpresa de todos, J.J. Rabagliatti pasó todas las pruebas preliminares y
llegó a la gran final, que tenía lugar aquella noche en el salón de actos del
colegio del pueblo. J.J. Rabagliatti había dejado a todos con la boca abierta
por la rapidez y seguridad con que respondía a todas las preguntas y ahora la
gente lo empezaba a mirar con cierto respeto.
Esa noche era una
noche especial. Todo el pueblo estaba reunido allí para ver competir en rapidez
mental a sus hombres y mujeres más inteligentes…y a J.J. Rabagliatti.
Las
multiplicaciones que el jurado había preparado para aquella noche eran particularmente
difíciles, pero J.J. Rabagliatti contestó siempre con una rapidez pasmosa
asombrando a la concurrencia.
Poco a poco fueron
quedando eliminados todos los concursantes menos dos: J.J. Rabagliatti y
Romualdo Linares, un ingeniero electrónico al que apodaban “el genio”,
reconocido por todos por su brillantez y con el cual, se decía, J.J.
Rabagliatti no podía competir de ninguna manera.
El final fue
apoteótico y merece detallarse:
Jurado (a Romualdo
Linares): - ¿Cuánto es 4.294 por 2.567?
Romualdo Linares
(después de unos segundos): - 11.022.698
Un aplauso y una ovación
acompañó la respuesta del gran favorito.
Jurado (A J.J.
Rabagliatti): - ¿Cuánto es 3.972 por 9.814?
J.J. Rabagliatti
(sin dudar): - 38.981.208
La sala enmudeció.
No era posible que J.J. Rabagliatti pudiera hacer gala de semejante lucidez
mental. Algunos tímidos aplausos y voces de reconocimiento se empezaron a
escuchar a favor de J.J. Rabagliatti.
Jurado (a Romualdo
Linares): - ¿Cuánto es 6.094 por 3.799?
Romualdo Linares
pensó y pensó, pero por más que se concentraba su mente estaba agotada después
de la maratón matemática que había resultado aquella jornada.
Los segundos
pasaban y la tensión en la sala iba in crescendo. Llegando al límite del tiempo
reglamentario Romualdo Linares casi gritó:
-
23.762.106
Jurado: - No señor,
lo siento muchísimo. La respuesta correcta es 23.151.106
El ídolo de los
seguidores del concurso “Multiplicadores Mentales de Cuatro Cifras” había
caído. Ahora la tensión había llegado a su punto más alto. Si J.J. Rabagliatti contestaba
bien la próxima pregunta se convertía automáticamente en el ganador del
concurso.
Jurado: - ¿Cuánto
es 9.876 por 2.524?
J.J. Rabagliatti
(al instante): - 24.927.024
Jurado: - CORRECTO!
Todo el público
estalló en un prolongado y fuerte aplauso. J.J. Rabagliatti había adquirido un
nuevo status, ya no iba a ser despreciado y subestimado, se había convertido en
la eminencia del pueblo.
Tras los aplausos
el jurado procedió a la coronación del nuevo campeón. El premio, aparte de una
medalla, consistía en la recaudación de aquella noche: una buena cantidad de
pesos.
El contador del
jurado estaba terminando de hacer el recuento de lo recaudado. Eran 500
personas que habían pagado 10 pesos de entrada cada una. Para hacer una broma y
quebrar el clima denso que se había creado el contador le preguntó a J.J.
Rabagliatti:
-
Che, “Raba”, ¿Cuánto es 500 por
10?
El chiste fue
festejado por todos. Por todos menos por J.J. Rabagliatti, que enmudeció.
El contador
advirtió algo raro en su expresión e insistió con la pregunta, ahora algo más
serio.
-
¿Cuánto es 500 por 10?
J.J. Rabagliatti empalideció. El contador, el
jurado, Romualdo Linares, y las 500 personas allí presentes lo miraban
fijamente preguntándose qué era lo que estaba sucediendo.
El contador volvió
a preguntar, esta vez perdiendo la paciencia.
-
¿Cuánto es 500 por 10?
J.J. Rabagliatti
retrocedió tropezando con varias sillas, con cara de terror. Finalmente
encontró la escalerilla del escenario, bajó de él y salió corriendo
despavorido. Nunca más en el pueblo se volvió a escuchar alguna noticia de él,
desapareció de todos los lugares que solía frecuentar.
J.J. Rabagliatti
era estúpido. Pero tenía una memoria infalible.

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