La segunda cosa que me dijo Mica fue:
-
No me
gusta como huele la directora.
Era el primer día de clase, y todas habíamos ido con nuestras mamás, para
conocernos.
La primera cosa que me dijo había sido:
-
Mi vieja
trabaja en la tele.
Eso ya lo sabía, ni bien entramos mi mamá vio a la suya, la reconoció y me
lo dijo al oído. Ella era actriz y trabajaba en un programa humorístico
bastante exitoso, que salía los viernes a la noche, y que en casa a veces
veíamos.
Pero la alumna nueva me llamó la atención antes de intercambiar cualquier
palabra. A pesar de que el guardapolvo nos hacía a todas parecidas, sobresalía
por su apariencia. Tenía un flequillo distinto al de cualquier otra nena. Y usaba
unas tremendas zapatillas violetas, yo nunca había visto unas zapatillas así,
(después me entere que el violeta era su color favorito). En ese mismo momento,
decidí que iba a ser mi amiga.
El colegio no era fácil para Mica. Problemas de conducta, falta de
concentración, llegadas tarde, etc. Yo, en cambio, era considerada una de las
mejores alumnas, mi boletín del año anterior era impecable. Nos hicimos tan
amigas, que nos sentamos juntas y la ayudaba en todo lo que podía, en el
colegio, y también en casa, ya que muchas veces, a la madre se le hacía tarde
para ir a buscarla y venía a tomar la merienda conmigo.
Pero había una cosa en la que se destacaba: la música. Sin embargo, decía
que odiaba el coro del colegio. Según ella, las canciones que cantábamos eran
una auténtica mierda.
Tocaba la guitarra, y en las tardes que pasábamos juntas en mi casa, me
empezó a enseñar con un instrumento viejo que teníamos. Ella, en su casa, tenía
una eléctrica, y un amplificador, ninguna nena de nuestra edad tenía algo así.
Me hacía reír mucho en clase, y de a poco, las sanciones disciplinarias
empezaron a ser también para mí. “Sofia y Micaela a dirección”, era algo que
sonaba muy seguido. La seño y la directora la tenían a Mica entre ceja y ceja,
y en cierta reunión, alertaron a mi mamá por las “malas compañías”.
Pero era mi mejor amiga, (a esta altura casi la única, ya que la mayoría
del resto, nos empezaba a mirar como a bichos raros), y yo no la iba a
abandonar. Dije que quería una guitarra eléctrica también, y a pesar de la
resistencia de mi mamá, finalmente me la compraron. Ensayábamos en mi casa o en
la de ella, casi todos los días, y las tareas fueron quedando un poco a un
lado.
Además, empecé a copiarla un poco en la forma de vestirse.
Mica era sumamente creativa, tenía varias ideas de canciones propias, me
las mostraba, y yo trataba de colaborar un poquito.
A mitad de año, se organizó un festival, donde las alumnas podían presentar
actos artísticos. Inmediatamente empezamos a pulir una canción que teníamos. Se
llamaba “¿Qué quieren?”.
Era el típico rock de tres acordes y doce compases, o algo así, (esa descripción
la sacamos de una revista de música). Faltaba completar la letra, por ahora,
era la repetición de las dos palabras del título, pero ya se nos iba a ocurrir
algo más.
Nos faltaba también una baterista, pensamos en Cayetana. No era exactamente
nuestra amiga, pero estaba tan apartada del grupo principal como nosotras. Ella
podía tocar un bombo y un platillo que el colegio tenía en la sala de música.
Necesitábamos la aprobación de la seño para poder participar. Un día le
mostramos la canción, tarareando y silbando las partes de la letra que nos
faltaban.
-
No se
preocupe, para el día del festival la canción va a estar completa, le aseguró
Mica.
-
¿Y el
grupo como se llama?, pregunto la seño.
No teníamos un nombre.
¡Las Violetas!, se me ocurrió a mí de repente.
Mica estuvo de acuerdo, pero redobló la apuesta y dijo que el día del acto,
teníamos que tener, las tres chicas, pelucas violetas, cosa que conseguimos en
un cotillón.
Un poco a regañadientes nos aprobó la seño, pero como no eran tantas las
que se animaban a subir a un escenario, finalmente quedamos en la lista.
Ensayamos mucho los días previos. Pero para la letra no surgió ninguna idea
nueva, la dejamos como estaba.
Llegó por fin el día del concierto. Nos aburrimos escuchando dos o tres
canciones del coro, y a continuación era nuestro turno. Mica y yo con nuestras
guitarras enchufadas en el amplificador de ella, y las dos paradas delante de
un solo micrófono, que era del colegio, para cantar al unísono. Y Cayetana
atrás, con su tambor y su platillo.
-
Un,
dos, tres, ¡va!
Empezamos cantando bajito.
-
¿Qué
quieren?, ¿Qué quieren?, ¿Qué quieren?, ¿Qué quieren?,
-
¿Qué
quieren?, ¿Qué quieren?, ¿Qué quieren?, ¿Qué quieren?,
-
¿Qué
quieren?, ¿Qué quieren?, ¿Qué quieren?
Para la segunda estrofa nos empezamos a animar, y aumentamos un poco el
volumen.
-
¿Qué
quieren?, ¿Qué quieren?, ¿Qué quieren?, ¿Qué quieren?,
-
¿Qué
quieren?, ¿Qué quieren?, ¿Qué quieren?, ¿Qué quieren?,
-
¿Qué
quieren?, ¿Qué quieren?, ¿Qué quieren?
Seguidamente era el turno del solo de guitarra de Mica. Parecía una
poseída, le salió un solo un poco deforme y disonante, pero rítmicamente era
perfecto.
Para la tercera estrofa, igual a las dos primeras, ya estábamos cantando a
todo volumen. Estábamos vibrando las dos en sintonía. Pero sentíamos que algo
faltaba. Algo en la letra, esa que nunca habíamos pedido completar. Mica me
miró y yo entendí todo. Faltaba una palabra. Ella arrancó la cuarta estrofa y
yo la seguí.
-
¿Qué
mierda quieren?, ¿Qué mierda quieren?, ¿Qué mierda quieren?, ¿Qué mierda
quieren?
Éramos dos nenas enloquecidas, gritando más que cantando la letra, sacudiendo
nuestras pelucas violetas, y marcando el ritmo con el pie en las tablas de
madera.
-
¿Qué
mierda quieren?, ¿Qué mierda quieren?, ¿Qué mierda q…
Apareció adelante nuestro la directora, blandiendo el enchufe de los
equipos como un arma.
Detrás, un pelotón de fusilamiento compuesto por la vice, la secre y la
seño.
Más allá, alcancé ver a mi mamá llorando.
-
Disculpen,
no es este el tipo de contenidos que queremos para esta casa de estudios,
explicó la directora.
-
A
continuación, un grupo de alumnas, va a interpretar con títeres la obra “La
princesa y el dragón”.
La expulsión del colegio para nosotras dos se decidió de inmediato. A
Cayetana le perdimos el rastro, pero mucho tiempo después nos enteramos que la
expulsaron en los meses siguientes, por razones que desconocemos.
Hoy, Mica y yo seguimos siendo amigas. Ella, por supuesto, es música, yo
soy actriz, como la mamá.
Nos encontramos muy a menudo, y recordamos aquellos viejos tiempos con una
sonrisa.
Las Violetas. Un grupo con influencia nula en la historia de la música,
pero que cambió nuestras vidas para siempre.
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