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Abuela, mirá mi colección de estampillas.
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Que lindas. Te voy a regalar unas que tengo
guardadas.
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Reconozco a la chica de la imagen. Que hermosa
que era.
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Claro que sí.
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¿Hace mucho que las tenes guardadas?
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Mucho. Las tenía escondidas. Las llegaba a
encontrar tu abuelo y me las tiraba a la basura.
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¿Por qué?
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Nunca entendí bien.
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Jamás me hablaron de ella ni en casa ni en el
colegio.
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En una época, increíblemente estaba prohibido
nombrarla.
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Ahora que entré a la Universidad, veo que tampoco
se la nombra.
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Sos la primera de la familia que va a la
Facultad, pero calculo que ahí pasará lo mismo que pasa en todos lados.
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¿Murió joven?
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Si, muy joven. Cuando murió, esas bestias le
hicieron de todo. Robaron el cadáver, lo llevaron de acá para allá. Nadie sabia
donde estaba. Más de veinte años después, su cuerpo volvió al país. Ahora
descansa en la Recoleta.
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¿Fuiste a
visitarla?
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Recién después de que murió tu abuelo, pude
llevarle una flor.
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¡Que historia! No me la voy a olvidar nunca, y
voy a guardar estas estampillas para siempre.
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La gente olvida rápido. Y así le va.

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